Se puede confiar en abogados, créeme

Cristina Ruiz - Abogada Inmobiliaria

Tenerife, Islas Canarias

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Momentos de incertidumbre y miedo

Te entiendo porque lo he vivido

Cuando nací, mis padres trabajaban muy duro para costearse dos viviendas, en una lucha diaria por garantizar nuestro futuro.

 

En una de ellas nos arropaban cada noche a mi hermano y a mí los cientos de cuentos de héroes y villanos en los que la princesa era rescatada y el malo encerrado. Mientras que en la otra, las historias reales ocurrían en algo que papá llamaba «empresa» y que a esa edad yo no alcanzaba a comprender en qué consistía.

 

Como cualquier niña, sentía mi hogar como la mayor fortificación prerromana, rodeada de duras murallas asirias, con fosos repletos de cocodrilos, matacanes armados e incluso una torre con un dragón cabreado.

 

Sin embargo, hoy todo lo que cuento es un bonito o un mal recuerdo, dependiendo del prisma, pues desde mi infancia he tenido que arrastrar toda mi vida al fondo de distintas cajas de cartón, llegando a perder mi hogar hasta en tres ocasiones, por tres pesadillas distintas.

 

Se resquebrajaron en mi interior los sueños de que las princesas solían ser rescatadas y de que los malos siempre acababan entre rejas.

 

Pero mi historia ya te la cuento en otro momento.

 

Si estás aquí es porque quieres saber cómo puedo ayudarte a proteger tu propiedad y es lo que voy a hacer.

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Asesórate primero, actúa después

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Áreas de trabajo

  • Derecho Inmobiliario

    Derecho de la propiedad, derechos reales, compraventas, registros y otras operaciones inmobiliarias.

  • Arrendamientos

    Vivienda habitual, habitación, temporada, negocio, local.

  • Comunidades de Propietarios y Administración de Fincas

    Gestión y defensa.

  • Gestión de Patrimonio

    Administración y gestión de múltiples propiedades.

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Conoce a Don Justo

Cuando don Justo estrechó por primera vez mi mano, pude sentir la firmeza y la rugosidad de toda una vida cargando ladrillos entre sus dedos. Sus palmas se encontraban ligeramente curvadas, en la deformidad que sugieren las manos de quien ha trabajado con dureza. Su temperamento y desconfianza lo acompañaban desde aquellos tiempos en que la hambruna tras la Guerra Civil asediaba los hogares más humildes.

El cinturón casi le daba dos vueltas y sus prendas podían vestir a un hombre del doble de su tamaño. Caminaba a pasitos cortos y quejumbrosos, sosteniendo en sus hombros caídos todo el peso de su responsabilidad.

Don Justo tenía lo suficiente para llevarse el pan a la boca, pero no como para darse el capricho de pasear cada domingo hasta restaurantes con servilletas de tela, a pesar de las tres viviendas que construyó con sus firmes y rugosas manos, y su empeño.

Su vida y esfuerzo los dedicó a ellas, a dar paz a su esposa y a procurar el sustento de su hija, pero también a otras familias. En las ocasiones que uno de sus pisos quedaba libre, lo ofrecía a aquellos que buscaban consuelo luchando contra su vulnerabilidad. Mujeres con hijos sin padre, hogares rotos y remendados.

La última vez, porque fue su última de todas, que don Justo cedió su vivienda como había hecho siempre, la hospitalidad no le fue devuelta. Los encontronazos, empujones, y reproches se sucedían a diario en las zonas comunes.

-No son gente de palabra, doña Cristina -me dijo en una ocasión.

-Ya nadie tiene sus valores, don Justo -pude decirle una calurosa tarde antes del verano que se lo llevó.

Quise decirle muchas cosas. Que entendía su dolor y su desconfianza. Que no dejara de creer en la buena gente. Que con paciencia y esfuerzo todo llega.

Que recuperaría su vivienda.

Y lo pienso hacer.

Aunque existan leyes y dirigentes que nos roben el alma y la dignidad. Aunque los malos cuenten con más derechos que los honrados. Aunque sea lo último que haga.

Don Justo, recuperaré su hogar.

Podría contarte

Mis valores de honestidad, compromiso, cercanía o justicia, pero quiero que puedas distinguir mis servicios del resto. 

Dado que una imagen vale más que trescientas palabras, puedes encontrar mis redes al pie.

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